El dia que Zidane se bailó a Brazil
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Sunday, July 02, 2006
El Zidane eterno expulsa a los dioses menores

Berlín.- La mejor versión del genio Zinedine Zidane, desgranando con melancólica parsimonia la cuenta atrás hacia su ocaso definitivo, expulsó del Mundial a la caterva de dioses menores brasileños que no acertaron a plasmar sobre el terreno la supuesta excelencia de su juego.
Zidane encarna en sí mismo la expresión del fenómeno que abarca al propio equipo francés: despreciado por viejo al comienzo del Mundial (30 años de promedio), Zizou y la colección de viejas glorias francesas, heridos en su orgullo, apartaron de su camino hacia la final a quienes osaron poner en duda su competencia.
Apenas había transcurrido un minuto de juego y Zidane ya había dejado su firma en el terreno. Sus botas doradas se movieron con elegancia entre seis piernas brasileñas para salir del acoso con el balón en los pies y tres adversarios con un palmo de narices.
Un destello desafiante iluminaba los ojos de Zidane durante la interpretación de los himnos. El desarrollo del juego no hizo sino confirmar que el capitán de los "bleus" estaba en trance, en condiciones de apoyar en una sorprendente fuerza física su técnica exquisita.
Domenech ha encontrado inspiración en el estado de gracia de Zidane: "Tenemos que jugar siempre como si fuera nuestro último partido". Una fórmula magistral para prolongar la estancia de la selección gala en el Mundial y de Zizou entre los genios en activo.
Francia se encuentra ahora en la insólita situación de tener el título a su alcance, ocho años después de haberlo conquistado en casa y al cabo de una larga travesía del desierto que duró todo el Mundial de Corea-Japón 2002 y parte del presente.
"Los hombres viejos siguen aquí", declaró une exultante Raymond Domenech, que ha trocado las críticas más feroces en elogios apasionados a media que el equipo ha sacado "del fondo de las tripas algo que llevaba dentro y que se resistía a salir".
Zidane ha olfateado la presa, la tiene ya a la vista y no quiere detenerse por nada. "Ahora hay que ganar un puesto en la final. No queremos parar. Es todo tan bonito... He disfrutado como nunca", explicó el héroe de Fráncfort.
La campaña para recuperar el orgullo de 1998 tiene un abanderado que tiene encomendada una misión añadida: prolongar hasta el 9 de julio su retirada para tener un adiós digno de su altísimo rango.
"Después de lo que ocurrió en 2002 (Francia, que defendía el título, fue eliminada en primera fase sin marcar un solo gol), tenemos que demostrar que no somos basura", ha dicho el delantero Thierry Henry.
Para Zidane, de 34 años, el Mundial de Alemania constituye un escenario mayestático para entonar el canto del cisne. Fue el héroe de la final de 1998 contra Brasil (3-0 y dos goles suyos) y sigue siéndolo, ocho años después.
Zinedine Yasine Zidane, nacido en Marsella en el seno de una familia de origen argelino, se ha ganado para siempre un puesto en el panteón de dioses del fútbol, junto a los nombres de Alfredo di Stefano, "O rei" Pelé, "El pelusa" Diego Maradona y "El flaco" Johan Cruyff.
Campeón del mundo, de Europa, de la Liga de Campeones, de las ligas italiana y española, Balón de Oro de 1998 y tres veces mejor jugador de la FIFA (1998, 2000 y 2002), Zizou escribe en Alemania el último capítulo de su leyenda.
EFE
Los volteados se arrepienten

Perdón Zidane...
Por: José De Bastos
Foto: EFE
Lavinotinto.com
02-07-2006 12:57
Zidane es un gigante y lamento haberlo menospreciado en el pasado. Hace un tiempo escribí diciendo que no estaba en mi equipo ideal de la última década. Perdón Zizou, calienta que entras tú y sale Ronaldinho. Era un momento para los mejores, Zidane, a punto de retiro y con treinta y tantos años ha resucitado y está mejor que hace mucho tiempo. Se bailó a todos los brasileños y dio una lección de jogo bonito, o mejor dicho de “Beau Joue”.
Zidane ofrece el más bello atardecer

GABRIEL MORALES (elmundo.es)
MADRID.- Había algo que pesaba más que los años, que esa camiseta siempre sudada y era, ni más ni menos, que el fútbol. El fútbol cada vez más escaso que por obra del miedo al adiós atenaza piernas, nubla ideas y se aproxima a la extinción. En eso llegó Zidane, erigido en héroe, para rescatarlo y ofrecer, en este atardecer de su carrera, imágenes en color del balompié de antaño.
A sus 34 años, al maravilloso viaje de su clase le quedan dos partidos. Tal vez por ello no quiso regalarse un homenaje ante Brasil más allá del que le brinda el balón cuando obedece sus intenciones. Sólo la pelota le entiende. Es ese conocimiento, es esa capacidad de comunicar con maniobras imposibles las que le convierten en alguien único, capaz de hablar francés pero de dar lecciones de fútbol... a los brasileños.
Porque brasileños fueron los sufridores, los alumnos de la antepenúltima clase magistral de Zidane. Francia, dueña del genio, gozó primero; a su estela, un planeta arrepentido que nunca más hablará de edades. Son 34 ¿y qué? Ante el favorito número uno, no necesitó correr, no ahogó nunca su respiración. La redonda, simplemente, encontró acogida en sus botas y de sus botas salieron los destellos más deslumbrantes. Con la cabeza alta dibujó detalles, estéticos unos, virtuosos otros, pero de fútbol del bueno todos.
Cercanos a la hora del adiós, Zizou cierra el círculo. Pero no ése que le corona como rey del mundo, aún. Sino el que iniciaba ya de niño, con las ventanas del modesto barrió marsellés de la Castellane como gradas. En la calle, como otrora hicieran otras leyendas, el pequeño futbolista era, más aún, un inventor cuyo objetivo era ser Francescoli. De la necesidad surgió el genio y la imaginación, que salvando la ecuación espacio-tiempo es la misma que vino a mostrar una tarde de verano en Fránkfort.
A Zidane le quedan dos partidos en activo. Sólo él sabe en qué nivel de importancia los sitúa. A estas alturas, y de cara al tramo final de Alemania 2006, tampoco pesarán los títulos a sus espaldas, los galardones logrados, los millones de cámaras de fotos que le han elegido a él en algún momento... la admiración hacia su persona. A Zidane le quedan dos partidos y los jugará, como siempre, en silencio. En silencio gana y pierde y en silencio, con la modestia de siempre, se irá feliz si hasta el último segundo del último día cuida la pelota como él sabe y nos mantiene con vida el fútbol. Cuando se vaya, afortunadamente, tendremos vídeos en color para recordarle.
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